Cuando pienso en el impacto que quisiera que este trabajo tuviera, no pienso en métricas de adopción ni en indicadores de difusión.

Pienso en algo más concreto y más difícil de medir.

Quisiera que un ingeniero en obra, después de leerlo, tuviera el lenguaje técnico para nombrar con precisión lo que su experiencia ya le dice sobre el sistema que gestiona.

Quisiera que un director de proyecto tuviera el marco para diseñar la capacidad de absorción de su sistema antes de que el proyecto empiece, no para improvisar buffers cuando ya es tarde.

Quisiera que una organización tuviera la arquitectura para que el conocimiento de sus mejores profesionales se formalice, se transfiera y se acumule en lugar de perderse con cada rotación de equipo.

Quisiera que la conversación sobre gestión de proyectos en Latinoamérica se elevara. Que las preguntas que se hacen en los foros de la industria fueran más exigentes. Que el estándar de lo que consideramos gestión profesional rigurosa subiera de forma estructural.

Eso no lo produce una publicación de LinkedIn. Ni siquiera una serie de sesenta.

Lo produce un trabajo que pueda ser leído, estudiado, debatido y aplicado con la profundidad que el problema merece.

Ese trabajo existe. Y en pocos días lo presentaré formalmente.