Es una pregunta válida y necesaria. El PPC, el avance físico semanal, el cumplimiento de hitos. Todos miden cumplimiento con distintos niveles de sofisticación.
Medir resiliencia responde a una pregunta diferente y más exigente: ¿puede este sistema seguir funcionando establemente cuando las condiciones no son perfectas?
La resiliencia no se mide en lo que ocurrió. Se mide en la capacidad del sistema para absorber lo que puede ocurrir.
¿Cuánto margen operativo tiene el sistema antes de saturarse? ¿Qué proporción de los buffers estratégicos ha sido consumida? ¿Cómo responde el flujo ante perturbaciones de distinta magnitud? ¿En qué puntos del sistema la variabilidad tiene mayor capacidad de propagación?
Un sistema puede tener PPC del 95% y resiliencia estructural cercana a cero. Puede cumplir cada compromiso semanal mientras consume silenciosamente el margen que lo mantiene estable.
Cuando ese margen se agota, el colapso llega de forma abrupta. Y nadie lo vio venir porque todos estaban mirando el cumplimiento.
La resiliencia no se improvisa en la crisis. Se diseña antes de que la crisis llegue.
