En la mayoría de los proyectos que terminan con ampliaciones de plazo, las señales estaban presentes mucho antes de que el problema fuera visible en el cronograma.
No en el Gantt. En el comportamiento del sistema.
Alta utilización sostenida desde las primeras semanas. Buffers consumidos silenciosamente antes del ecuador del proyecto. Secuencias con densidad de trabajo superior a la capacidad real de los frentes. Variabilidad absorbida a costa de holgura futura.
La ecuación es conocida en la ciencia de operaciones: cuando la tasa de llegada de trabajo se acerca o supera la tasa de producción en un sistema con variabilidad, la acumulación es matemáticamente inevitable.
No es mala suerte. No es imprevisión del contratista. Es el comportamiento esperado de un sistema operando fuera de sus condiciones de estabilidad.
El problema es que sin modelación explícita de capacidad, esas señales no son visibles. El cronograma sigue verde. El PPC sigue razonable. Los reportes no muestran nada alarmante.
Hasta que el colapso llega y todos se sorprenden.
La ampliación de plazo del mes 8 casi siempre fue diseñada, sin querer, en el mes 3.
